martes, 30 de octubre de 2012

La Feria dentro de la Feria

Creado por Benjamín Pappalardo

Las cuerdas de una guitarra española barnizada a color miel son tañidas por un hombre abrazado a la misma con la cabeza gacha y el oído cerca de la madera vibrante. En Do menor y con el mismisimo perfil de su padre Daniel, de hecho un perfil que se cuenta por tres porque los dos primos de Daniel asustan con su parecido, el hijo casi personaje del escritor cierra de manera paradójica el homenaje al escritor y a una obra en particular del bonaerense. La edición de una obra crítica sobre la novela “tres golpes de timbal”, es presentada en varias instancias distintas a las de cualquier otro libro que se presenta en la feria exterior. Se monta al mismo tiempo una presentación que celebra al escritor, a su obra y de manera particular a la idea de una feria, no realizada sobre carpas y stands, sino sobre los sentidos de una novela.

Hay una feria externa, la que todos transitan, en la que se comercializan libros en miniatura, biblias y coranes, historias revisionadas por organizaciones inesperadas, tratados navales y por supuesto las vitrinas de las librería habituales que salen de camping en carpa a la plaza San Martín. Quizás lo más surtido tenga que ver con literatura infantil. Esa misma feria externa, la del tránsito, apadrina toda una serie de eventos de formatos variados que componen otra feria al interior del cabildo generalmente. En cada uno de esos eventos se da una dinámica particular, pueden ser las consabidas charlas, las presentaciones de libros, las lecturas de poemas, que más o menos discurren por caminos conocidos, aunque no por eso aburridos o poco productivos. Los que convocan son los conferenciantes, el invitado central que va a dar una charla sin mediar demasiados preparativos por parte del protagonista aparte de su bagaje en el tema, convocan también las actividades que están enfocados por generaciones, por grupos etarios.

En particular decidimos ser espectadores de una actividad que denota por concurrencia y preparación que la feria apunta seriamente al público infantil. Soledad Rebelles hacia gala de su histrionismo y cocechaba la emoción de los pibitos por todo la enorme carpa montada en el patio central del cabildo. Los chicos iban con su escuela o jardín. Los espectadores infantiles a la par con los docentes y algunos padres aceptaban y entraban en el ida y vuelta que les proponía toda la intervención narrativa sin la menor resistencia o demostración de aburrimiento. Chicos por todos lados sentados hasta en el piso de los bordes de esa carpa salón. La razón de ser de la feria podría ser varias decenas de actividades como esas. Viendo los stands infantiles y la relación natural de los chicos con este tipo de propuestas cada vez quedan menos dudas respecto a uno de los puntos fuertes del evento en general. La replica de la feria infantil cae de maduro.

Más tarde, ese mismo Lunes 17 de septiembre fuimos a dos actividades más. En un pasillo adyacente al patio mayor varias personas relativamente jóvenes intervenían con dibujos un tablón que hacia de pizarra o mural. El título de la charla resumía la mayoría de lo que escuchamos: “Cómo se trabaja desde Córdoba para el exterior”. Una serie de no tan jóvenes dedicados al dibujo y al cómic contaban sobre sus historias particulares para sobrellevar la profesión. Los que escuchaban eran adolescentes y jóvenes que aparentemente empezaba y estaba ávida de saber, por edad y por gusto, sobre cómo mantenerse dibujando. La ansiedad por las respuesta se notaba. La charla devino en la aplicación de estas producciones gráficas a los videojuegos, pero el tono se mantuvo coherente con el interés del público.

La última charla “del árbol al e-book” prometía un público variado, o más bien joven, interesado en la posibilidad de entender las necesidades y modos de lectura y producción que conlleva la digitalización de un texto. Nos encontramos con un grupo numeroso de público mayor (o viejitos) entusiasmados por la temática, que en realidad tenía un enfoque ecologista. Podría decirse que era una generación preocupada por las otras.

Por un interés particular en el autor decidimos asistir a la instalación y posteriormente a la intervención que celebraba la obra de Daniel Moyano. La sorpresa fue incesante desde un primer momento. Amerita otra crónica describir la instalación (dejamos algunas fotos para tener una idea), las pinturas, videos, fragmentos y audios de vida y obra del autor. Sobre todo de su vida. Un cartel grande mostraba una cronología de alguien casi itinerante. Los videos con testimonios de familiares y amigos con tonadas múltiples lo confirmaban. La música parece estar destinada a ser nómade, incluso si es escrita.

Enseguida tuve dos impresiones, la idea que comparada con las otras ferias interiores está tenía un trabajo, una preparación mucho mayor, que en si mismo parecía una completa feria dentro de otra feria. La cantidad de actividades, charlas y la intervención que vendían los folletos y cronogramas anticipaban algo de esto. La otra impresión tenía que ver con que esta instalación hablaba de una generación más. No sé si perdida, porque muchas cosas atestiguan, incluso sus propias novelas, que Moyano solo escribía pensando en Argentina, pero al menos apartada. 

Días más tarde llegamos a la intervención. La presunción sobre el carácter de esta “feria dentro de la feria” se confirmaba. La obra crítica que se lanzaba de la novela “tres golpes de timbal”, al igual que la instalación, de por si merece varios párrafos. Pero puede decirse que era un elemento central de todo un desfile de celebraciones que giran alrededor de partes de la novela. Era una feria dentro de una feria, que a diferencia de la exterior, que nos pasea por las posibilidades de elección de una nueva lectura entre un mundo de ellas; en este caso celebra e invita a recorrer las partes de una obra. Una feria de una sola obra, que se dedica a dar espectáculo y congraciar a los sentidos que cada lugar de esta novela dispara.

Es imposible citar todas las lecturas y sentidos que despertaban cada una de esas partes, sería necesario repasar toda la novela. Para mencionar alguno, que tuvo cierta recurrencia, en algún momento leí que Moyano se centraba en la sonoridad de las palabras, y que le costaba desde el exilio español volver a los sonidos de acá, de “las palabras que sostienen las cosas”, como tantas veces se insinua explícitamente en su novela. La ausencia y la busqueda del sonido estuvieron muy presentes en toda la intervención (y en la instalación también).

Una vez que entramos todo sucedió alrededor del público. Nosotros girabamos con cada interpretación. Una pintura de la novia de la cordillera se estaba realizando en un extremo. Las luces se apagaban y la proyección de las generaciones de familiares leyendo partes de su obra se proyectaba sobre otro costado. Voces finitas de chicos, tonadas parecidas a las del propio Daniel. Generaciones y tonadas. Terminada la proyección una orquesta hacia bailar a un par de marionetas, la multitud me tapo la visión en este caso. Apenas terminada la melodía una escena de la propia novela. Tres mujeres representaban a modistas que confeccionaban al tiempo que desgajaban el vestido de la novia de la cordillera, ahora de carne y hueso. Se retiraron y desde el balcón del piso de arriba un coro y estas mujeres recitaron un poema sobre la ausencia: “Que vamos a hacer cuando no estes más , cuando la casa este vacía, cuando no estes más acá para decir que lindo es el día” “En que silla me siento para no darme cuenta en que silla me siento”. Después nuevamente proyectada aparecía la palabra del propio Moyano, desde España.

Pampa Arán, y uno de los encargados de la edición crítica de la novela despedían la jornada, aplaudían el trabajo, el escrito y el escenificado. Algunas disquisiciones teóricas y consideraciones sobre el autor y la obra de Arán. Y finalmente la epifanía del evento (como la describe DM en algunas entrevistas), que despedía a los músicos, pintores y actores feriantes. Presentaban a Ricardo Moyano, el hijo, diciendo que lo habían localizado en alguna gira perdida por pueblos del salar santiagueño. Ricardo, dijo que se había predispuesto para llevar hasta las últimas consecuencias el consumo de vino, pero ya que lo citaban a tocar, tocaría. Y antes de la ejecución dijo algo como “el arte no sirve para nada, pero está. Si a este libro lo van a leer millones y dentro de mil años se va a hacer esto mismo, nosotros vendríamos a ser los primeros. ”.

En principio la frase me sonaba a la de algún personaje de sus novelas, a alguien que vive en un puro presente, que es musical porque le nace, que lo acompaña en su necesidad. Ricardo era hijo y personaje, pensé dándome aires de no sé que. Pero dijo que el arte no es nada y que de todas formas se hace y se va a hacer dentro de mil años. Que también es igual a decir que viene a ser para el hombre como el canto para un pájaro, o para no usar términos tan poéticos y gastados, como el relincho de un caballo. Es mucho. Probablemente la emoción por querer seguir relacionando partes de la intervención a la novela.

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