Creado por Luciana Puccini
Apremiada porque en breve el reloj indicaría las 3 de la tarde, una mujer de pequeña estatura y vestida de alegres colores, se desplazaba apresuradamente por el Patio Mayor del Cabildo de la ciudad de Córdoba alistando los últimos detalles de su espectáculo.
Expectantes por la visita y precedidos por mujeres con delantal, numerosos grupos de niños ingresaron alborotados al Patio en ese momento. Eran los alumnos de jardines y escuelas primarias que, acompañados por sus maestras, presenciarían el espectáculo de la narradora Soledad Rebelles el lunes 17 de septiembre, en el marco de la Feria del Libro.
Entrando en clima
Con el propósito de crear un espacio de calidez y confianza, la narradora inició su espectáculo presentándose ante su público e interpelándolos con algunas preguntas: “¿De qué colegio son? ¿Le gustan los cuentos? ¿Quién les cuenta cuentos en su casa?” . Una catarata de “si, me gustan” , “mi abuela” , “mi papá” se sucedió tras los interrogantes. Luego, anunciando que narraría un cuento nuevo y desconocido por todos, Soledad, por el contrario, comenzó a contar relatos tradicionales, como el de La caperucita roja o Hansel y Gretel. Al reconocer inmediatamente dichos relatos, los niños empezaron a gritar a viva voz que ya los conocían. Esto le permitió a Soledad aumentar la expectativa de los niños y corroborar que estuviesen atentos a sus narraciones.
Ya en el meollo de la cuestión
Soledad comenzó a narrar un cuento llamado La valija de Doña María de la autora argentina Graciela Montes. Para captar más aún la atención de los pequeños, utilizó una valija de múltiples colores de la que fue sacando sucesivamente diversos objetos, como una caja y un sombrero, a la manera de las cajas chinas. Luego, empleando como apoyo visual una vistosa cartera, contó un relato de Florencia Esses: Mamá maga. Continuando con su presentación, narró la historia Dragón que aprende a volar de Graciela Pérez Aguilar. En esta ocasión, Soledad no utilizó ningún objeto soporte, sin embargo para su interpretación se desplazó por todo el escenario. Representando al dragón que intentaba aprender a volar, la narradora se subió varias veces a una silla y también circuló entre los niños que se encontraban sentados en el piso, simulando que los pisaba. Esta performance, además de impedir que el público infantil desviara su atención, represento uno de los momentos más graciosos de la jornada, en el que las risas fueron constantes.
Y colorín colorado…
Para finalizar su espectáculo, Soledad optó por un breve cuento de Laura Devetach: Lombriz que va, lombriz que viene. En este caso, Soledad utilizó el títere de una lombriz, al que fue desplazando por una maqueta que representaba túneles subterráneos. En esta oportunidad, se intensificaron las expresiones gestuales que habían acompañado los cuentos anteriores, y los movimientos realizados por la lombriz concentraron la curiosidad de los niños. En ningún momento del espectáculo se observó que el interés de los adultos haya mermado, por el contrario, se los vio abstraídos en el mundo mágico de cada una de las historias. Así, el entusiasmo de grandes y pequeños dio cuenta del efecto cautivante de la palabra y la puesta escena de una narradora de gran calidad artística.
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