Creado por Benjamín Pappalardo
Las cuerdas de una guitarra española
barnizada a color miel son tañidas por un hombre abrazado a la misma
con la cabeza gacha y el oído cerca de la madera vibrante. En Do
menor y con el mismisimo perfil de su padre Daniel, de hecho un
perfil que se cuenta por tres porque los dos primos de Daniel
asustan con su parecido, el hijo casi personaje del escritor cierra
de manera paradójica el homenaje al escritor y a una obra en
particular del bonaerense. La edición de una obra crítica sobre la
novela “tres golpes de timbal”, es presentada en varias
instancias distintas a las de cualquier otro libro que se presenta en
la feria exterior. Se monta al mismo tiempo una presentación que
celebra al escritor, a su obra y de manera particular a la idea de
una feria, no realizada sobre carpas y stands, sino sobre los
sentidos de una novela.
Hay una feria externa, la que todos
transitan, en la que se comercializan libros en miniatura, biblias y
coranes, historias revisionadas por organizaciones inesperadas,
tratados navales y por supuesto las vitrinas de las librería
habituales que salen de camping en carpa a la plaza San Martín.
Quizás lo más surtido tenga que ver con literatura infantil. Esa
misma feria externa, la del tránsito, apadrina toda una serie de
eventos de formatos variados que componen otra feria al interior del
cabildo generalmente. En cada uno de esos eventos se da una dinámica
particular, pueden ser las consabidas charlas, las presentaciones de
libros, las lecturas de poemas, que más o menos discurren por
caminos conocidos, aunque no por eso aburridos o poco productivos.
Los que convocan son los conferenciantes, el invitado central que va
a dar una charla sin mediar demasiados preparativos por parte del
protagonista aparte de su bagaje en el tema, convocan también las
actividades que están enfocados por generaciones, por grupos
etarios.
En particular decidimos ser
espectadores de una actividad que denota por concurrencia y
preparación que la feria apunta seriamente al público infantil.
Soledad Rebelles hacia gala de su histrionismo y cocechaba la emoción
de los pibitos por todo la enorme carpa montada en el patio central
del cabildo. Los chicos iban con su escuela o jardín. Los
espectadores infantiles a la par con los docentes y algunos padres
aceptaban y entraban en el ida y vuelta que les proponía toda la
intervención narrativa sin la menor resistencia o demostración de
aburrimiento. Chicos por todos lados sentados hasta en el piso de los
bordes de esa carpa salón. La razón de ser de la feria podría ser
varias decenas de actividades como esas. Viendo los stands infantiles
y la relación natural de los chicos con este tipo de propuestas cada
vez quedan menos dudas respecto a uno de los puntos fuertes del
evento en general. La replica de la feria infantil cae de maduro.
Más tarde, ese mismo Lunes 17 de
septiembre fuimos a dos actividades más. En un pasillo adyacente al
patio mayor varias personas relativamente jóvenes intervenían con
dibujos un tablón que hacia de pizarra o mural. El título de la
charla resumía la mayoría de lo que escuchamos: “Cómo se trabaja
desde Córdoba para el exterior”. Una serie de no tan jóvenes
dedicados al dibujo y al cómic contaban sobre sus historias
particulares para sobrellevar la profesión. Los que escuchaban eran
adolescentes y jóvenes que aparentemente empezaba y estaba ávida de
saber, por edad y por gusto, sobre cómo mantenerse dibujando. La
ansiedad por las respuesta se notaba. La charla devino en la
aplicación de estas producciones gráficas a los videojuegos, pero
el tono se mantuvo coherente con el interés del público.
La última charla “del árbol al
e-book” prometía un público variado, o más bien joven,
interesado en la posibilidad de entender las necesidades y modos de
lectura y producción que conlleva la digitalización de un texto.
Nos encontramos con un grupo numeroso de público mayor (o viejitos)
entusiasmados por la temática, que en realidad tenía un enfoque
ecologista. Podría decirse que era una generación preocupada por
las otras.
Por un interés particular en el autor
decidimos asistir a la instalación y posteriormente a la
intervención que celebraba la obra de Daniel Moyano. La sorpresa fue
incesante desde un primer momento. Amerita otra crónica describir la
instalación (dejamos algunas fotos para tener una idea), las
pinturas, videos, fragmentos y audios de vida y obra del autor. Sobre
todo de su vida. Un cartel grande mostraba una cronología de
alguien casi itinerante. Los videos con testimonios de familiares y
amigos con tonadas múltiples lo confirmaban. La música parece estar
destinada a ser nómade, incluso si es escrita.
Enseguida tuve dos impresiones, la
idea que comparada con las otras ferias interiores está tenía un
trabajo, una preparación mucho mayor, que en si mismo parecía una
completa feria dentro de otra feria. La cantidad de actividades,
charlas y la intervención que vendían los folletos y cronogramas
anticipaban algo de esto. La otra impresión tenía que ver con que
esta instalación hablaba de una generación más. No sé si perdida,
porque muchas cosas atestiguan, incluso sus propias novelas, que
Moyano solo escribía pensando en Argentina, pero al menos apartada.
Días más tarde llegamos a la
intervención. La presunción sobre el carácter de esta “feria
dentro de la feria” se confirmaba. La obra crítica que se lanzaba
de la novela “tres golpes de timbal”, al igual que la
instalación, de por si merece varios párrafos. Pero puede decirse
que era un elemento central de todo un desfile de celebraciones que
giran alrededor de partes de la novela. Era una feria dentro de una
feria, que a diferencia de la exterior, que nos pasea por las
posibilidades de elección de una nueva lectura entre un mundo de
ellas; en este caso celebra e invita a recorrer las partes de una
obra. Una feria de una sola obra, que se dedica a dar espectáculo y
congraciar a los sentidos que cada lugar de esta novela dispara.
Es imposible citar todas las lecturas y
sentidos que despertaban cada una de esas partes, sería necesario
repasar toda la novela. Para mencionar alguno, que tuvo cierta
recurrencia, en algún momento leí que Moyano se centraba en la
sonoridad de las palabras, y que le costaba desde el exilio español
volver a los sonidos de acá, de “las palabras que sostienen las
cosas”, como tantas veces se insinua explícitamente en su novela.
La ausencia y la busqueda del sonido estuvieron muy presentes en toda
la intervención (y en la instalación también).
Una vez que entramos todo sucedió
alrededor del público. Nosotros girabamos con cada interpretación.
Una pintura de la novia de la cordillera se estaba realizando en un
extremo. Las luces se apagaban y la proyección de las generaciones
de familiares leyendo partes de su obra se proyectaba sobre otro
costado. Voces finitas de chicos, tonadas parecidas a las del propio
Daniel. Generaciones y tonadas. Terminada la proyección una orquesta
hacia bailar a un par de marionetas, la multitud me tapo la visión
en este caso. Apenas terminada la melodía una escena de la propia
novela. Tres mujeres representaban a modistas que confeccionaban al
tiempo que desgajaban el vestido de la novia de la cordillera, ahora
de carne y hueso. Se retiraron y desde el balcón del piso de arriba
un coro y estas mujeres recitaron un poema sobre la ausencia: “Que
vamos a hacer cuando no estes más , cuando la casa este vacía,
cuando no estes más acá para decir que lindo es el día” “En
que silla me siento para no darme cuenta en que silla me siento”.
Después nuevamente proyectada aparecía la palabra del propio
Moyano, desde España.
Pampa Arán, y uno de los encargados de
la edición crítica de la novela despedían la jornada, aplaudían
el trabajo, el escrito y el escenificado. Algunas disquisiciones
teóricas y consideraciones sobre el autor y la obra de Arán. Y
finalmente la epifanía del evento (como la describe DM en algunas
entrevistas), que despedía a los músicos, pintores y actores
feriantes. Presentaban a Ricardo Moyano, el hijo, diciendo que lo
habían localizado en alguna gira perdida por pueblos del salar
santiagueño. Ricardo, dijo que se había predispuesto para llevar
hasta las últimas consecuencias el consumo de vino, pero ya que lo
citaban a tocar, tocaría. Y antes de la ejecución dijo algo como
“el arte no sirve para nada, pero está. Si a este libro lo van a
leer millones y dentro de mil años se va a hacer esto mismo,
nosotros vendríamos a ser los primeros. ”.
En principio la frase me sonaba a la de
algún personaje de sus novelas, a alguien que vive en un puro
presente, que es musical porque le nace, que lo acompaña en su
necesidad. Ricardo era hijo y personaje, pensé dándome aires de no
sé que. Pero dijo que el arte no es nada y que de todas formas se
hace y se va a hacer dentro de mil años. Que también es igual a
decir que viene a ser para el hombre como el canto para un pájaro, o
para no usar términos tan poéticos y gastados, como el relincho de
un caballo. Es mucho. Probablemente la emoción por querer seguir
relacionando partes de la intervención a la novela.